Sanidad Acuícola

Microplásticos en Camarón blanco: indicador de contaminación costera y riesgo alimentario

El camarón blanco (L i topenaeus setiferus) constituye uno de los recursos pesqueros más relevantes en las zonas costeras del Golfo de México, tanto por su valor económico como por su importancia alimentaria. En México, y particularmente en el estado de Veracruz, la pesca de camarón representa una actividad estratégica que sustenta a numerosas comunidades ribereñas, generando empleo directo e indirecto y contribuyendo significativamente a la economía regional (CONAPESCA, 2023; FAO, 2024).

Además, este recurso forma parte esencial de la dieta de la población, al ser una fuente de proteína de alta calidad, ácidos grasos y micronutrientes, lo que refuerza su papel dentro de la seguridad alimentaria y la cultura gastronómica del país. El aprovechamiento de este recurso depende estrechamente de la salud de los ecosistemas donde se desarrolla, particularmente las lagunas costeras.

Estos sistemas estuarinos son altamente productivos y funcionan como zonas de crianza, alimentación y refugio para múltiples especies acuáticas, incluyendo crustáceos de interés comercial (Day et al., 2012). Asimismo, desempeñan funciones ecológicas clave como el reciclaje de nutrientes, la retención de sedimentos, la regulación de la calidad del agua y la protección de la línea costera frente a eventos meteorológicos extremos (Alongi, 2002; Wolanski & Elliott, 2015). Debido a su elevada productividad biológica, estas lagunas sostienen complejas redes tróficas donde los crustáceos desempeñan un papel fundamental como consumidores intermedios, contribuyendo a procesos como la bioturbación y la dinámica de los sedimentos.

Sin embargo, la ubicación de las lagunas costeras en la interfaz entre tierra y mar las convierte en sistemas altamente vulnerables a la presión antropogénica. Las descargas de aguas residuales, la escorrentía urbana, las actividades agrícolas y pesqueras, así como el manejo inadecuado de residuos sólidos, favorecen la acumulación de contaminantes en estos ambientes (Cózar et al., 2014). Entre estos contaminantes emergentes destacan los microplásticos, los cuales han sido reconocidos como una de las problemáticas ambientales más relevantes de las últimas décadas.

Los microplásticos se definen como partículas plásticas menores a 5 mm, que pueden originarse de manera primaria cuando son fabricados en tamaños microscópicos para su uso en productos industriales o cosméticos o secundaria, a partir de la fragmentación de plásticos de mayor tamaño debido a procesos de degradación física, química y biológica (Ivar do Sul & Costa, 2014; Wright et al., 2013).

Estas partículas presentan una alta persistencia ambiental y una gran capacidad de dispersión, lo que ha permitido su detección en prácticamente todos los ambientales, incluyendo agua, sedimentos, aire y organismos vivos (GESAMP, 2015). En regiones costeras como el Golfo de México, su presencia está estrechamente relacionada con fuentes terrestres, particularmente con descargas de aguas residuales y escorrentía urbana, así como con actividades marítimas y pesqueras (Cózar et al., 2014).

Estudios recientes han confirmado la presencia de microplásticos en el Golfo de México, tanto en la columna de agua como en sedimentos y organismos marinos, lo que evidencia su carácter ubicuo y su incorporación en las redes tróficas. Esta situación resulta especialmente preocupante en especies bentónicas como el camarón, que mantienen un contacto directo con los sedimentos, donde tienden a acumularse estas partículas.

(Caro-Martínez et al., Microplásticos en Camarón blanco: indicador de contaminación costera y riesgo alimentario Saúl Silva Reyna1, Benigno OrtizMuñiz1*, María del Refugio Castañeda-Chávez1 1Tecnológico Nacional de México/ Instituto Tecnológico de Boca del Río. Carretera Veracruz-Córdoba Km 12. Boca del Río, Veracruz, México. C.P. 94290. benigno.om@bdelrio.tecnm.mxLa Acuacultura está, en Divulgación 2025).

En organismos acuáticos como Litopenaeus setiferus, la exposición a microplásticos ocurre principalmente a través de la ingestión accidental durante la alimentación. Estas partículas pueden confundirse con alimento o ser ingeridas junto con sedimentos, lo que facilita su entrada al sistema digestivo. Diversos estudios han demostrado que los microplásticos pueden acumularse en el tracto gastrointestinal, generando efectos físicos como obstrucción intestinal, inflamación, reducción en la ingesta de alimento y disminución en la eficiencia de absorción de nutrientes (Wright et al., 2013).

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