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A 10 años de la engorda de tilapia en embalses de Sonora

Hace más de una década, Sonora vivió de una época producción de tilapia en embalses sin precedentes. Empresas de capital privado identificaron en las grandes presas del estado —particularmente en la presa Plutarco Elías Calles— una excelente oportunidad de negocio para la acuacultura de especies dulceacuícolas. En aquel entonces, la acuacultura crecía a nivel mundial hasta alcanzar y rebasar a la pesca de captura, la cual se había estancado desde los años ochenta. Era el momento de producir proteína de calidad mediante nuevas técnicas acuícolas, más sostenibles.

Previo a esta etapa, algunas de estas empresas operaron en la costa de Hermosillo; allí, bajo la asesoría de técnicos con amplia experiencia internacional, iniciaron actividades que eventualmente se trasladaron a la presa “El Novillo”. Este cambio respondió a las ventajas operativas del embalse, principalmente al eliminar los altos costos energéticos que implicaba el bombeo de agua de pozo y el uso de sopladores para mantener los niveles de oxígeno disuelto en las tinas de producción.

La presa Plutarco Elías Calles, conocida como “El Novillo”, se ubica entre los municipios de San Pedro de la Cueva y Soyopa. Fue construida durante la década de los sesenta con el objetivo de generar energía eléctrica, contener avenidas y mantener reservas de agua para la agricultura y el consumo humano. Lamentablemente, la construcción de la cortina provocó la inundación de los pueblos originales de Batúc, Tepupa y Suaqui bajo las aguas del río Yaqui y sus afluentes, como el río Moctezuma. Este hecho traumático permanece en la memoria de sus pobladores, quienes fueron reubicados fuera del vaso de la presa, aunque manteniéndose cerca de su territorio original y sus querencias. Allí, en su espejo de agua, hacia el año 2010, se establecieron diversas empresas acuícolas cuya finalidad era la engorda de crías de tilapia adquiridas en distintos laboratorios del estado y del país.

En los años 60s, el gobierno federal introdujo la tilapia al país con el objetivo de fortalecer la soberanía alimentaria mediante una fuente accesible de proteína. La especie fue elegida por su adaptabilidad, rápido crecimiento y alta resistencia a diversas condiciones ambientales. No profundizaré en el debate ecológico sobre su clasificación como especie invasora que desplaza a las nativas (como el bagre nativo), pero es innegable que, dada su resiliencia, se ha consolidado como un motor de desarrollo económico. Esta actividad ha generado empleos y una notable derrama económica en comunidades pesqueras de México y del continente, siendo actualmente bien valorada tanto por autoridades como por los productores.

Mas aún, es quizás la tilapia la especie de pescado dulceacuícola más consumida en México, tanto que se importa la misma cantidad que se produce nacionalmente. Es decir, en nuestro país existe una demanda insatisfecha, y que es suplida por países asiáticos mayormente, pero a precios inferiores al precio de comercialización de la tilapia mexicana que conlleva más costos, pero es de mucha mayor calidad, porque conocemos el origen. En Estados Unidos la tilapia es parte del “top 5” de pescados más consumidos.

Las empresas de la etapa de gran volumen de producción de tilapia de 2010 a 2014 en Sonora utilizaron sistemas de jaulas flotantes, que por aquellos años comenzaban a popularizarse. Se construían con tubería industrial de polietileno de alta densidad (HDPE), con uniones termofusionadas y doble anillo concéntrico unido por brackets cada tres metros. De estas estructuras colgaban redes de malla en forma de bolsa, de entre tres y seis metros de profundidad y hasta 20 metros de diámetro. En ellas se confinaban los peces a distintas densidades de siembra, logrando la talla comercial en aproximadamente ocho meses, o más si se buscaba un mayor peso. Cabe señalar que las primeras jaulas fueron construidas con alambre usando como flotadores bloques de poliestireno (“hielo seco”), estructuras que durante años se pudieron observar varadas en las orillas de la presa hasta que fueron removidas.

En una segunda etapa, se implementaron estructuras flotantes más rudimentarias utilizando tambos de 200 litros, con andadores de metal y madera, e incluso pequeñas bodegas flotantes de lámina galvanizada. Fue un periodo de experimentación constructiva entre 2010 y 2014. El volumen de Foto: Martín Bustillo13 años informando al sector acuícola-pesquero producción exigía una logística constante: semanalmente, tractocamiones de 18 ruedas cargados con hasta 30 toneladas de alimento comercial de Jalisco, satisfacer proveniente llegaban para las necesidades de los millones de crías sembradas.

En este proceso, el trabajo de los “alimentadores” fue fundamental. Distribuyendo el alimento manualmente mediante en el “boleo” horarios estrictos, garantizaban la engorda óptima. Su labor permitía un seguimiento semanal al incremento en peso mediante biometrías, que también servían para detectar lesiones o enfermedades; eran, en esencia, los trabajadores clave del negocio. Asimismo, el mantenimiento de las redes para retirar el fouling (incrustaciones de algas que obstaculizan el flujo de agua y oxígeno) era una tarea diaria. No puedo omitir la labor de los buzos, quienes diseñaron y mantuvieron los sistemas de anclaje de las estructuras al fondo, sorteando las corrientes de los ríos y asegurando la estabilidad de las redes, muchas veces dobles para facilitar el

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